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La grieta prehistórica que dio forma al río Salado

La grieta prehistórica que dio forma al río Salado
  • Los estudios geofísicos confirman que el curso de agua corre sobre una megafalla geológica de 140 millones de años. Cómo influye un “rift abortado” de la pehistoria en las inundaciones actuales de la provincia.

La llanura pampeana engaña al ojo humano. Su horizonte infinito y su relieve plano sugieren una historia llanamente tranquila. Sin embargo, debajo de los pastizales, los cultivos y el curso del río Salado se esconde uno de los mayores secretos geológicos del continente: una colosal fosa tectónica nacida del desgarro de la Tierra cuando Sudamérica y África decidieron separarse.

Científicos y geólogos confirman que la cuenca del Salado no es el simple resultado de la erosión del agua. El río corre, literalmente, sobre una profunda cicatriz del planeta conocida técnicamente como el Aulacógeno del Salado, una megafalla estructural que condiciona el paisaje bonaerense desde hace más de 130 millones de años.

El mapa del abismo: una falla de más de 300 kilómetros

Esta grieta prehistórica no es un fenómeno aislado de pocas cuadras. Se trata de un imponente canal estructural que se extiende por más de 300 kilómetros de longitud en el subsuelo profundo de la provincia. La falla geológica nace en el noroeste bonaerense, cerca de los límites con Santa Fe, y se proyecta en línea recta cruzando distritos clave como Junín, Alberti, Roque Pérez y General Belgrano, ensanchándose de manera brutal a medida que avanza.

La escala del bloque hundido es verdaderamente masiva: posee un ancho variable que va desde los 48 kilómetros en su tramo inicial hasta superar los 220 kilómetros en su desembocadura directa sobre la bahía de Samborombón y el océano. En total, esta gigantesca “cuna” de piedra delimita y da sustento a una cuenca hidrográfica superficial de 170.000 kilómetros cuadrados, es decir, más del 55% de toda la superficie de la provincia de Buenos Aires.

El día que la Tierra se quebró

Para entender el origen del Salado hay que retroceder al período Cretácico temprano, la era en la que los dinosaurios dominaban la región. En ese momento, el supercontinente Gondwana comenzó a fracturarse. El esfuerzo tectónico generó “puntos triples”, zonas donde la corteza se estiró en tres direcciones como una letra “Y”.

Dos de esos brazos siguieron expandiéndose, se llenaron de agua marina y dieron origen al actual Océano Atlántico Sur. El tercer brazo penetró en lo que hoy es el territorio bonaerense. Pero algo falló: la fuerza se detuvo y ese brazo quedó como un “rift abortado”.

El terreno entre las actuales sierras de Tandilia y Ventania cedió de forma escalonada, creando una fosa tectónica (o graben) que se hundió profundamente. A lo largo de millones de años, ese abismo subterráneo actuó como una gigantesca palangana que acumuló más de 6.000 metros de sedimentos marinos y continentales, sepultando el antiguo suelo de piedra cristalina.

Un reflejo en la superficie

Si la falla está tan sepultada por kilómetros de tierra, ¿por qué el río Salado pasa exactamente por ahí? La respuesta está en la física del suelo. Aunque la superficie parece perfectamente horizontal —zona conocida geográficamente como la Pampa Deprimida—, el peso de los sedimentos y el lento reajuste del subsuelo profundo generan una sutil y constante subsidencia (asentamiento).

El agua, buscando siempre el camino de menor resistencia, encontró en este sutil hundimiento del terreno el canal perfecto para abrirse paso hacia el mar. Las fallas prehistóricas, invisibles a simple vista, dictaron el mapa hidrográfico de la provincia. Es por eso que el cauce del río, que hoy discurre a lo largo de 640 kilómetros, está obligado a seguir la huella que dejó la grieta mesozoica.

A pesar de la magnitud de la estructura, los especialistas llevan tranquilidad: la falla está inactiva. Se trata de una estructura pasiva o “fósil”. La actividad tectónica de Sudamérica se desplazó hace millones de años hacia el oeste, en el límite con la placa de Nazca, donde hoy se eleva la cordillera de los Andes. La provincia de Buenos Aires se asienta sobre un bloque continental estable, por lo que el riesgo de sismos originados por esta grieta es prácticamente nulo.

Sin embargo, el impacto del gigante oculto es cotidiano y ambiental. Al ser una cuenca condicionada por un hundimiento tectónico, su pendiente es extremadamente suave (apenas unos centímetros por kilómetro). Esta característica estructural es la verdadera razón por la cual el río Salado tiene tantas dificultades para drenar el agua, provocando las históricas e inevitables inundaciones que afectan al sector productivo bonaerense.

Si bien la falla geológica determina la pendiente extremadamente suave del terreno —de apenas centímetros por kilómetro— y es la causa natural de los desbordes históricos, las megaobras de ingeniería en el río Salado han generado un intenso debate sobre su impacto ambiental.
Históricamente, el dragado, la rectificación y la canalización han sido impulsados por el Plan Maestro con el objetivo de mitigar inundaciones y recuperar millones de hectáreas para la producción agropecuaria. Sin embargo, organizaciones ecologistas y científicos señalan tres consecuencias críticas:
    • Pérdida de servicios ecosistémicos: La cuenca funciona como una “esponja” hídrica. Al acelerar el drenaje, los humedales pierden la capacidad de retener y depurar el agua, lo que destruye el suelo y fomenta un uso intensivo de la tierra.
    • Alteración de la biodiversidad: Las excavaciones profundas y el dragado continuo modifican el hábitat de peces y anfibios, destruyen la dinámica de las lagunas y provocan cambios drásticos en este corredor biológico natural.
    • Movilización de contaminantes: Diversos estudios advierten sobre altas concentraciones de metales pesados y plaguicidas acumulados en el fondo. El dragado remueve estos sedimentos y los reintroduce en el agua, lo que afecta directamente a la fauna, la flora y los recursos hídricos locales.

La próxima vez que contemple el tranquilo cauce del Salado, recuerde que observa la cicatriz abierta de un paisaje modificado; un ecosistema milenario que hoy lucha por sobrevivir ante el avance de la ingeniería humana y la corrupción de ignorantes avaros

Bibliografía Consultada

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