PerteneSer — Periódico Alberti
un surco por familia

Alberti camino a 2027: El dilema del oficialismo y el laberinto opositor

Alberti camino a 2027: El dilema del oficialismo y el laberinto opositor
El escenario político del Partido de Alberti de cara a las elecciones de 2027 atraviesa un proceso de reconfiguración natural y forzada. El oficialismo más duro se encuentra ante una encrucijada estratégica determinante: alcanzar un consenso interno definitivo o arriesgarse a una fractura que debilite sus chances. La ecuación exige amalgamar tres nombres propios de peso para encabezar el proyecto y evitar el desgaste de unas Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO). Este esquema busca visibilizar un acuerdo de triunvirato compuesto por Jorge Gaute, Martín Pulero y Laura Belusci, tres figuras con dinámicas y caudales de votos bien diferenciados que sostienen la arquitectura local.
Heredar la intendencia es una constante histórica en el distrito. La tradición local recuerda cómo Marta Medici le heredó el sillón a su hijo, el actual senador provincial Germán Lago. Hoy, el legislador repite la lógica y le presta ese sillón al actual de turno, mientras ejerce el rol de gerente politico de millones en obras públicas de la provincia, administradas como estratégicos negocios de campaña. En ese esquema, el intendente interino se encuentra ante la oportunidad de revalidar en las urnas la conducción de un distrito que lidera desde la provisionalidad. Su principal desafío es de estructura: convive diariamente con un cuerpo de secretarios y funcionarios cuya lealtad política responde de forma directa y orgánica al senador Lago. Gobernar con un gabinete heredado le exige un ejercicio constante de equilibrio y negociación.
Por otro lado aparece la figura del actual secretario de Gobierno y expresidente del Honorable Concejo Deliberante, Martín Pulero. A diferencia de la institucionalidad del interinato, Pulero aporta un activo escaso en la política territorial: un caudal de votos genuinos y una base de apoyo militante que ve en él la renovación natural, contando con el guiño estratégico del propio concejal Gaute.
Para equilibrar esta balanza, la otra pata es Laura Belusci. Su salida de la banca en 2027, su fuerte posicionamiento en la militancia y sus roles previos como concejal y como intendenta interina durante los reemplazos institucionales de 2026, la consolidan como una figura de peso. Su rol histórico como Coordinadora de Políticas Sociales en PAMI Chivilcoy le ha otorgado un conocimiento capilar del territorio y de las problemáticas de la tercera edad y de los sectores vulnerables en la región. Esta experiencia valida su discurso de un “Estado presente” no desde la abstracción ideológica, sino desde la ventanilla de la gestión diaria, le suma un volumen clave de experiencia en la función pública y en la gestión territorial.
Esta alianza de tres vías no solo busca garantizar la gobernabilidad, sino que funcionaría como un escudo político de vital importancia: el municipio mantiene deudas estructurales que el oficialismo querrá, a toda costa, mantener fuera de la lupa de nuevos funcionarios o de una auditoría opositora que deje al descubierto desvíos de fondos públicos.
Este camino hacia la consolidación no ha estado libre de tropiezos. El oficialismo ya ha desgastado dos proyecciones previas que pasaron por la Secretaría de Gobierno. Primero fue Ariel Scolari, cuyo paso fue fugaz al no lograr aprender las reglas del juego político local, desapareciendo hoy del radar. Luego se midió al joven concejal Juan Enrique Palazzo, a quien le faltó experiencia y cintura política para caminar “entre las serpientes”; su retorno a la banca de concejal se dio sin pena ni gloria, evidenciando que su postulación respondía más al impulso de su padre. Desde las sombras, este último sembró funcionarios en el peronismo kirchnerista que no llegaron para hacer sombra, sino para ser estrictamente funcionales desde el Concejo Deliberante y el Consejo Escolar.
A este panorama se suma el del arquitecto Scarcelli, actual presidente del Concejo Deliberante, cuya salida del Ejecutivo es vista como un error estratégico de la gestión. Scarcelli cumplía un rol técnico clave al firmar como secretario de Obras Públicas. Hoy, tras la baja de Blanco y la llegada de un nuevo secretario de Obras, el área enfrenta el enorme desafío de certificar proyectos por 11.000 millones de pesos, una tarea de alta sensibilidad económica.
En la vereda de enfrente, el panorama de la oposición no asoma más despejado. En el espacio de La Libertad Avanza (LLA), el escenario local se debate entre la lógica del ego y la precariedad de la experiencia, exponiendo las contradicciones de la llamada “nueva política”. Por un lado emerge la figura de Ernesto Gómez. Llegado desde la provincia de Corrientes para desempeñarse en una empresa agropecuaria, su inserción comunitaria y su ascenso político fueron veloces. De desconocido absoluto pasó a ocupar una banca de concejal y, casi de inmediato, utilizó ese trampolín para instalarse como jefe de la oficina local de PAMI, dejando expuesta una total falta de experiencia previa en la función pública para administrar un área tan sensible. Por el otro lado se ubica Ines Marelli, actual jefa de ANSES Alberti, cuyo recorrido expone un pragmatismo camaleónico. De origen radical, supo militar junto a la diputada Silvina Vaccarezza para acceder a una banca en el pasado. Hoy, reciclada en el funcionariado libertario, Marelli renueva sus históricas aspiraciones a la intendencia, quedando en el recuerdo aquellas fotografías de campañas anteriores junto a Patricia Bullrich.
El gran problema de LLA en Alberti no es solo la evidente lucha de egocentrismos locales por ver quién se queda con el sello de Javier Milei; el verdadero obstáculo es matemático. Quienes analizan los números fríos de la política local recuerdan el techo electoral de 2015. Incluso en el hipotético caso de que se lograra una alianza electoral que sume los votos históricos del radicalismo —un escenario complejo dada la resistencia ideológica de las bases de la UCR—, la suma sigue dando negativo. Esos caudales combinados resultan insuficientes para hacer mella en la estructura del oficialismo local.
A este laberinto matemático se suma una Unión Cívica Radical (UCR) local sumida en un profundo silencio, pagando el costo de sus propios apuros y la falta de una estrategia política real. En la anterior elección a intendente, el partido desgastó la candidatura casi impuesta y sin consenso de Joaquín Vaccarezza, quien demostró que el apellido no alcanza para traccionar votos por sí solo y que, tras finalizar su mandato como concejal, desapareció por completo del radar local.
Hoy, el nombre del actual presidente del bloque, Fernando Becker, vuelve a estar sobre la mesa. Becker contaba con serias posibilidades dentro del radicalismo hace tiempo, pero sus aspiraciones se truncaron en una interna debido a los errores crónicos de la “mesa chica” partidaria. Este núcleo cerrado manejó históricamente las candidaturas con una ceguera selectiva, sin reconocer la labor opositora que en otras décadas llevó adelante el binomio Corigliano-Becker. Técnicamente impecables dentro del recinto, ambos concejales investigaban y exponían las fallas del Ejecutivo con un rigor legislativo ejemplar. Sin embargo, en un escenario político donde la regla parece exigir ser un hipócrita y un sonreidor serial, la capacidad técnica y la honestidad intelectual no les alcanzaron para romper el cerco de la propia conducción radical, que hoy se enfrenta al titánico desafío territorial de recuperar las dos bancas perdidas en 2015. Sin una renovación real, el espacio opositor en su conjunto corre el riesgo de repetir viejos errores frente a un oficialismo que, a pesar de sus grietas y deudas, sabe cómo abroquelar el poder, son los que se tapan la nariz y se abrazan por mas olor a traiciones y corruptos que se respire.

Compartir

Compartir este artículo

Herramientas
Correo
Publicidad
camira
Publicite aquí