PerteneSer — Periódico Alberti
un surco por familia

Escribí: EL NÚMERO EN LA ESPALDA

Escribí: EL NÚMERO EN LA ESPALDA

“El número en la espalda” es mi testimonio tras caminar por las venas abiertas de Latinoamérica. No nací hipócrita para complacer escritorios ni silencios cómplices. Desde el barro de las rutas y al volante de mi viejo Renault 18.

Una vez me dijeron: “Tenés que quererte más”
Y sí…Van muchos años de poner el cuero, de masticar tierra, de bancar aprietes y de gastar la salud por y para los demás. Al final de la ruta, en la última puerta, se entra solo y con mortaja.
Así que, primero, amor propio, dignidad y paz.
Confundir el enojo con la desilusión es un error – El enojo es ruidoso, explota y se apaga; es una reacción transitoria. La desilusión, en cambio, ejecuta una sentencia silenciosa y definitiva: expone la fragilidad de haber confiado . Ilusionarse es un riesgo, pero traicionar esa entrega es romper el puente para siempre. Hay límites que, una vez cruzados, no admiten diplomacia, ni vuelta atrás.
No nací hipócrita para complacer escritorios, aplaudidores de turno ni silencios cómplices. El libro que hoy termino de maquetar para que ingrese a la imprenta, titulado “El número en la espalda: Un largo viaje por las venas contaminadas de Latinoamérica”, no nace desde la comodidad de un despacho climatizado. No se gestó bajo el amparo de presupuestos gubernamentales, pauta oficial de rodillas, ni de académicos que financian diagnósticos higiénicos para no incomodar al poder. Nace en el barro, en el asfalto gastado y en el polvo de las rutas latinoamericanas. Nace del motor ruidoso de un Renault 18 modelo 1988 —mi viejo, fiel y amado Hammer— que se bancó miles de kilómetros en travesía ambiental, cargando verdades que queman a lo largo de la espina dorsal andina.
Durante décadas me dediqué a documentar el reverso de la trama corporativa a través del periodismo gráfico independiente de este periódico PerteneSER y rompiendo el éter al aire de la radio Punto Cero. Desde allí denunciábamos con nombre y apellido las fumigaciones aéreas criminales a metros de los barrios Fonavi, Arquitectura y Policial. Allí registré el pasivo sanitario, el despojo territorial, el cáncer silencioso y el exterminio planificado que los mercaderes del progreso camuflan con su hipócrita marketing verde.
Esta obra es un cuerpo vivo de crónicas, memorias, datos científicos duros y manifiestos políticos dedicado a los que resisten desde la vereda de enfrente, los que no se venden por un subsidio.Raíces arrasadas y la impunidad del extractivismoSoy un albertino parido en la llanura pampeana, bautizado «Torito» a los seis años por el capricho de un destino que me otorgó la terquedad necesaria para porfiarle al sistema y no agachar nunca la cabeza; con la sangre caliente cuando la injusticia se pone de moda y se normaliza porque pocos se animan a enfrentar a los patroncitos de esta pequeña estancia corrompida con dineros públicos.
Soy nieto de campesinos sabios, honestos y de manos cuadradas trabajadoras -como mis abuelos Andrés y Josefina-. En sus tierras nunca se sembró soja; sus cosechas eran el maíz, el girasol y el trigo con rotación de lotes para cuidar a la Madre Tierra. Sin embargo, nos convirtieron a la fuerza en hijos de citadinos que abandonaron los campos bajo el mal consejo de la urbanidad capitalista para «ser alguien». Hoy, esas hectáreas están sepultadas bajo la maldita soja transgénica y la lluvia constante de venenos, esos que respiran los barrios periurbanos y a los que denunciamos.
América Latina sangra por las mismas heridas y bajo el mismo andamiaje perverso. Desde las llanuras pampeanas de Buenos Aires hasta las costas perforadas del Lago de Maracaibo en Venezuela, o los cerros talados de Santa Tecla en El Salvador, las corporaciones aplican un diseño globalizado de colonización y muerte.
En los pueblos del interior, el extractivismo agroindustrial convirtió la vida en una agonía colectiva, en un conteo de tumbas. Los seres humanos caminan con una fecha de vencimiento estampada en el lomo: “el número en la espalda”. Estará en nosotros, y en nuestra capacidad de hacer resiliencia ecológica y social combativa, frenar este avance destructor.
Para desarmar esta farsa criminal, en este volumen cruzo mis crónicas testimoniales con las leyes duras de la física y de la medicina independiente, esa que no recibe sobres de los laboratorios ni de las multinacionales agroquímicas. Demostraremos, a través de la Segunda Ley de la Termodinámica, que el proceso económico del capitalismo global es un sistema altamente entrópico, devorador de recursos e inherentemente insustentable.También abordaremos el secuestro y la contaminación de nuestras mesas. Investigamos cómo la epidemia contemporánea de la celiaquía adulta no es un simple fallo genético azaroso, sino una intoxicación inducida y directa por el glifosato utilizado en el secado de precosecha de los cereales que después transforman en pan.
Romperemos el espejo de colores de la falsa «transición energética». Revelamos que detrás de los molinos eólicos y los paneles solares late la misma matriz petroquímica de siempre, sumada a la devastación destructiva de la megaminería del litio que seca los salares y el ecocidio del fracking en yacimientos como Vaca Muerta.Si buscabas una mirada turística, burguesa y complaciente de los paisajes latinoamericanos, te sugiero que cierres este ejemplar inmediatamente, no es un texto para charlas tibias de café o debates políticamente correctos, donde la falta de compromiso es la mejor aliada del saqueo. Aquí no hay hipocresía para complacer a nadie. Hay un mapa trazado con la sangre, las canas y las lágrimas de años de andanzas.
Es un legado de lucha para mi familia, para mis hijos y para las nuevas generaciones que ya vienen pechando desde abajo, gastando sus primeros botines contra la injusticia.
Estimado lector: usted tiene el derecho de ejercer el libre albedrío; nosotros, el deber innegociable de informar, difundir y resistir.
Cinismo en las redes y veneno en la canilla la desidia local es el reflejo perfecto de esta colonización. el heredero Germán Lago, electo senador sigue viviendo de los privilegios del Estado, fue condenado penal y civilmente a pagar astreintes (multas diarias de su propio bolsillo) por incumplir de manera sistemática un fallo judicial firme de 2019, al día de la fecha, la obra de potabilización brilla por su ausencia. Es una estafa a la salud pública. Desde 1999 venimos denunciando en el periódico la falta de agua potable. Ante el silencio oficial, un grupo de vecinos nos plantamos, judicializamos el reclamo y la justicia nos dio la razón de punta a punta en la Causa: “Solari c/ Municipalidad de Alberti”, iniciada por Marta Solari, Oscar Di Vincensi, Adriana Padula, Héctor Delgado, Pagano, Nicolás Bibini y Soledad Durante. Pero a los funcionarios de Alberti les importa más la frivolidad: hacer videos para las redes sociales, armar shows verdes, alimentar el Instagram y gestionar proyectos millonarios de obras de cemento sobrefacturadas, financiadas por sus amigotes de la provincia para garantizar el retorno. ¿Ustedes realmente creen que los millones que gastaron para mirar las estrellas en la Escuela 8 son una prioridad de vida? ¿O la verdadera e inmediata PRIORIDAD ES LA SALUD de toda la población de Alberti que consume agua cargada de arsénico, catalogada como NO APTA PARA CONSUMO HUMANO?
¿Qué respuesta cínica ensayará ante las cámaras la multifacética funcionaria de Ambiente, Educación de Adultos y “bla bla bla”, Daniela Alvizzatti, cuando le enciendan los micrófonos y no pueda escapar? ¿Cómo será el temperamento corporativo que tomará el actual Juez de Paz, Oscar Palazo, por falta de agua potable? Recordemos que en sus años de asesor legal municipal fue el verdugo que apeló absolutamente todos los fallos, defendiendo con uñas y dientes a sus jefes políticos, los intendentes Zacca, Medici y Lago, dándole la espalda de forma miserable a los derechos humanos de los albertinos.
Y el Médico Jorge Gaute, hoy como intendente interino, que tiene bajo llave en sus escritorios los datos oficiales de la escalofriante cantidad de enfermos renales dializados y los registros de enfermos oncológicos que se multiplican en nuestros barrios: ¿Se va a poner a trabajar en serio por la salud pública de su pueblo, o va a seguir haciendo propaganda barata e inmoral con el vacunatorio como hacía en la época de la plandemia para meterle miedo a la gente? ¿O se prestará para hacer propaganda a la cámara de agroquímicos CASAFE, diciendo que en Alberti no hay afectados por las fumigaciones? Esta es la lamentable y podrida realidad del supuesto “pueblo ejemplo” que los políticos locales venden en sus folletos de campaña, mucho maquillaje para tapar el despojo, la enfermedad, el negocio de unos pocos y el nulo compromiso social, ocultando la deuda millonaria de un municipio que triplicó la cantidad de empleados y oficinas desparramadas por los barrios, manteniendo la misma población que hace 30 años y ofreciendo servicios deficientes.
Se transformaron en empresarios de la política, el gerente del pueblo, el “Pelado” Lago, que administra los fondos públicos como propios desde que gobernaba su mamá, Marta Medici, gestiona sus negocios con el gobernador y Ministros: millones en obras, pero no con empresas albertinas. Compran casi todo fuera de Alberti; hasta las verduras de los comedores escolares y la carne las compran en Junín y Luján. ¿por que? El “Compre albertino” bien gracias! es un riesgo si piden el retorno. Sigue la fiesta mientras los aplaudan los afiliados.
Las páginas de mi testimonio ya están en viaje a los talleres gráficos. No nos callaron con aprietes, tampoco con decomisos de nuestra radio, ni sepultando nuestra huerta. No nos van a callar con su indiferencia y prepotencia. La verdad está en la calle y su cobardía se les nota en la cara cuando publicamos verdades que no pueden esconder más

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