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 La culpa no es solo de “El Niño” el Agronegocio, los Agroquímicos, canales clandestinos e Impermeabilización de Suelos

 La culpa no es solo de “El Niño” el Agronegocio, los Agroquímicos, canales clandestinos e Impermeabilización de Suelos
Informe Técnico-Ambiental:
El Impacto de La Picasa en la Cuenca del Río Salado
 La culpa no es solo de “El Niño”  también del Agronegocio, los Agroquímicos, canales clandestinos e Impermeabilización de Suelos,  El paso del modelo tradicional de rotación ganadero-agrícola al monocultivo de soja transgénica con siembra directa introdujo una alteración física, química y biológica sin precedentes en la llanura pampeana.
    • Pérdida drástica de la porosidad del suelo: La aplicación sistemática de millones de litros de agroquímicos -como glifosato y 2,4-D – junto con fertilizantes sintéticos de base nitrogenada y fosforada alteró profundamente la microbiología de la tierra. La eliminación de los ingenieros biológicos del suelo —como las lombrices y los hongos micorrícicos— destruyó la estructura granular natural de la capa arable, reduciendo los agregados estables que permiten la aireación.
    • El efecto “pie de disco” y compactación subsuperficial: Contrario al mito corporativo de que la siembra directa protege el suelo de forma indefinida, la falta de raíces profundas (propias de las pasturas forrajeras como la alfalfa) y el tránsito pesado de maquinaria agrícola crearon un proceso de compactación y encostramiento. A pocos centímetros de la superficie se consolida una barrera física densa que impide el libre movimiento vertical del agua.
    • El suelo como una pista de cemento: Al perder su estructura orgánica, la tasa de infiltración hídrica colapsó. El suelo agrícola de las regiones de San Luis, Córdoba y Santa Fe comenzó a comportarse como un pavimento urbano. El agua de lluvia ya no penetra en el perfil de la tierra ni recarga los acuíferos de forma gradual; escurre de forma superficial e instantánea. Los agroquímicos, al desertificar biológicamente la tierra, actuaron como agentes de compactación indirecta, transformando precipitaciones normales en torrentes de escurrimiento masivo hacia el bajo de La Picasa.

 30 Años de Irresponsabilidad Privada y Estatal: El Trasvase de aguas al Noroeste Bonaerense no fue la solución sino el inicio del negocio de obras hidráulicas.
La crisis de La Picasa desnudó una profunda irresponsabilidad compartida: la codicia de los propietarios privados que buscaron salvar su rentabilidad económica individual a cualquier costo, combinada con la falta de control y la posterior complicidad de las agencias estatales.
    1. La anarquía hidráulica privada: En lugar de asumir las pérdidas de un modelo productivo insostenible que había saturado las napas por falta de consumo biológico de agua, los productores del sur de Córdoba y Santa Fe construyeron una red masiva de canales clandestinos. Esta infraestructura informal e ilegal traspasó los límites interprovinciales y expandió la cuenca de aporte de La Picasa de 50.000 a más de 550.000 hectáreas, transfiriendo el problema hídrico “aguas abajo” hasta colapsar la laguna a fines de los años 90.
    2. La salida fácil del Estado (El Trasvase Artificial): Ante la presión económica por el corte crónico de la Ruta Nacional 7 y las pérdidas de los grandes terratenientes santafesinos, la solución política de las últimas décadas no fue clausurar los canales ilegales, exigir la reforestación o forzar un cambio de modelo productivo. El Estado optó por la ingeniería de desvío: ejecutar obras hidráulicas de trasvase artificial hacia la provincia de Buenos Aires.
    3. El embudo bonaerense: A través de estaciones de bombeo de gran escala (como la Estación de Bombeo Alternativa Norte), millones de metros cúbicos de agua salinizada, estancada y cargada con los nutrientes químicos del agronegocio empezaron a ser volcados artificialmente en la Cuenca Superior del Río Salado, utilizando el territorio bonaerense como un canal de desagüe permanente.


El Impacto Actual en el Noroeste de Buenos Aires: “La Avaricia Sojera la pagan todos los Bonaerenses” con endeudamientos para obras hidráulicas
A casi 30 años de los primeros desbordes de La Picasa, las consecuencias de estas decisiones impactan de lleno en el noroeste bonaerense, alterando de forma permanente la dinámica natural de sus lagunas y ríos:
    • Presión permanente en Junín: El sistema encadenado de las lagunas Mar Chiquita, Gómez y El Carpincho dejó de responder de forma exclusiva al régimen pluvial local. Hoy funcionan como el “parachoques” artificial del agua excedente bombeada desde Santa Fe. Esto obliga a las autoridades a un manejo de compuertas constante e impredecible (como el sistema regulador de Agustina) que provoca desastres ecológicos, destruye la fauna nativa (afectando la población del pejerrey) y desestabiliza el turismo regional.
    • Inundaciones crónicas y costos de infraestructura: Los distritos de Alberti, Bragado y Roque Pérez reciben hoy caudales del Río Salado artificialmente inflados. Cuando el agua choca contra los “embudos” o tramos soberanamente postergados del río (como el sector sin dragar entre Roque Pérez y Ernestina), se producen anegamientos masivos. Las recurrentes inundaciones de miles de hectáreas productivas familiares, la destrucción de la red de caminos vecinales y los millonarios presupuestos que demanda el Plan Maestro del Río Salado (incluyendo el Tramo V licitado entre Chacabuco, Alberti y Bragado) son financiados exclusivamente por las arcas públicas y los contribuyentes bonaerenses.

El Interés Mediático y Económico: La Trampa de las Obras Faraónicas como Solución

El abordaje estatal de la crisis hídrica de la Cuenca del Salado ha entrado en un bucle de repetición. En lugar de cuestionar el origen del problema —el modelo extractivo y la impermeabilización de la tierra—, el gobierno bonaerense ha optado históricamente por profundizar el paradigma de la ingeniería de control, impulsado por fuertes intereses económicos y políticos:

  • El dividendo político y mediático de la “Gran Obra”: Para las sucesivas administraciones bonaerenses, los anuncios del Plan Maestro del Río Salado (como las millonarias licitaciones del Tramo V que abarca a Chacabuco, Alberti y Bragado) operan como potentes herramientas de marketing político. Las maquinarias dragando el río y las megavallas publicitarias ofrecen una espectacularidad visual ideal para los medios masivos. Se vende la ilusión de que el Estado “domina la naturaleza”, invisibilizando que solo se está construyendo un canal más grande para evacuar un agua que nunca debió haber corrido de esa manera de no ser por la destrucción biológica de los suelos aguas arriba.
  • La cartelización y el negocio de la obra pública hidráulica: Detrás de los presupuestos multimillonarios —muchas veces financiados con endeudamiento en dólares a través de organismos internacionales— se consolida un complejo entramado de intereses corporativos. Las grandes empresas constructoras y las consultoras de ingeniería civil presionan para que la única respuesta estatal admisible sea “mover tierra, ensanchar y hormigonar”. El mantenimiento de un río artificialmente inflado garantiza un flujo continuo de fondos públicos y contratos de remediación que se perpetúan en el tiempo.
  • La continuidad del error que originó el desastre: Esta lógica de intervención permanente no soluciona la crisis; la perpetúa y la traslada. Al centrar todos los recursos en canalizar el agua lo más rápido posible hacia el océano, el gobierno bonaerense convalida y premia la anarquía hidráulica y el trasvase de La Picasa. Es exactamente la misma receta tecnocrática de los años 90: creer que los ecosistemas son tuberías. Mientras se gastan fortunas en dragar la cuenca media y baja (afectando críticamente a Roque Pérez por los retrasos y cuellos de botella), los suelos de la cuenca alta siguen perdiendo capacidad de esponja debido a la voracidad del agronegocio.
 Conclusión Socioeconómica

El balance de este ciclo histórico demuestra que las ganancias extraordinarias generadas por el monocultivo de exportación y la desregulación ambiental en la cuenca alta fueron totalmente privatizadas, mientras que los costos ambientales, las obras de mitigación de ingeniería y las catástrofes hídricas fueron socializadas, recayendo de manera directa sobre los municipios, los pequeños productores familiares y los habitantes del territorio de la provincia de Buenos Aires.¨Las obras faraónicas del Salado actúan como un paliativo cosmético de altísimo costo. Al no intervenir sobre las causas estructurales —la falta de rotación con pasturas, el abuso de agroquímicos compactadores y la proliferación de canales ilegales privados—, el Estado se vuelve cómplice de un ciclo sin fin. Mientras el agronegocio de exportación destruye la dinámica hidrológica natural para maximizar sus ganancias, los ciudadanos bonaerenses quedan atrapados financiando con sus impuestos obras de ingeniería perpetuas que solo sirven para administrar una inundación planificada¨.

. Datos históricos del pueblo Aron Castellanos al pie de la Picasa:

Su particular trazado urbano (similar al de la ciudad de La Plata) y su imponente arquitectura eclesiástica del siglo XX de estilo europeo hicieron que el pueblo fuera seleccionado por la Secretaría de Turismo para competir ante la ONU en el sello internacional. Se encuentra en el extremo sur de la provincia de Santa Fe, dentro del Departamento General López. Está situado en una zona limítrofe clave, casi en la triple frontera donde confluyen los territorios de Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba.

Conectividad vial: Está ubicado a la vera de la Ruta Nacional 7 (un eje estratégico para el Mercosur), a unos 40 kilómetros al este de la ciudad de Rufino y a unos 30 kilómetros de Diego de Alvear. Su ejido urbano se localiza literalmente al pie de la laguna La Picasa

Antes del primer gran desborde de la laguna La Picasa en 1997, el pueblo de Aarón Castellanos contaba con 333 habitantes fijos dentro de su ejido urbano, según los registros oficiales del Censo Nacional del INDEC de 1991. Si se sumaba la población rural dispersa que trabajaba en las estancias y tambos linderos del distrito, la comunidad rondaba las 500 personas.
La catástrofe de 1997-1998 y la posterior inundación crónica forzaron un éxodo masivo, provocando que la población urbana cayera drásticamente a 313 habitantes en el censo de 2001, y tocara su piso histórico más bajo en el año 2010 con apenas 236 residentes en el pueblo debido a la falta de empleo agropecuario.
  • El pasado agropecuario: Históricamente, el pueblo se sustentó gracias a la riqueza de la llanura pampeana, basándose en la explotación agrícola y la ganadería vacuna (tambos y cría) impulsada por el Ferrocarril General San Martín.
  • La reconversión pesquera actual: A raíz del desborde definitivo de La Picasa entre 1997 y 2001 (que sepultó el 80% de sus campos productivos), los habitantes cambiaron drásticamente los tractores por las lanchas. Hoy en día, su economía se ha reconvertido por completo hacia la actividad pesquera, motorizada por la captura comercial del pejerrey y la carpa. El pueblo cuenta con un puerto, decenas de embarcaciones y plantas fileteadoras locales que procesan el pescado, industrializando subproductos como harina de pescado o pasta y exportando alimentos terminados hacia mercados internacionales como Pakistán, India y Bolivia.

 

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